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La cultura masificada: Única garantía de libertad


Muchos recurren a los diccionarios para definir una palabra; los abogados decimos que esa es la interpretación gramatical o exegética de una norma. Uno de los resquicios de nuestra educación aristotélica, tomista, basada en clasificaciones, catálogos, definiciones. ¿Qué es cultura? ¿Un conjunto de conocimientos? ¿De valores? ¿De costumbres? Selma Lagerlof afirmó que es “lo que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió”.

Para mí –la cultura- es todo aquello que ha construido el ser humano a lo largo de su historia. También es todo lo que ha construido cada ser humano individualmente. Eso es cultura. Por eso se habla de la cultura de los pueblos, de los hombres, de las comunidades.

¿Puede haber seres incultos? Nuestra “cultura” nos dice que sí. Sin embargo, cuando decimos que alguien es inculto nos referimos a que no tiene educación, confundimos una cosa con la otra. Una cosa es la cultura y otra es la educación. Aunque la cultura se transmite a través de la educación. Todo hombre tiene cultura. 

¿Vivimos una cultura banal, superficial? Mario Vargas Llosa ha sentenciado que sí. Él la llama la cultura del espectáculo. La mediatización de la cultura. Mejor dicho vivimos una cultura mediática caracterizada por la impronta y la influencia de los medios de comunicación: la televisión, la radio, y ahora principalmente por la Internet.

Nuestra cultura es la que ha formado los medios de comunicación masivos, una masificación de la cultura es lo que vivimos en estas épocas. ¿Es eso bueno o malo? Yo diría que ni es bueno, ni es malo, simplemente es. Los medios de comunicación, como su nombre lo indica son “medios”, mecanismos para la transmisión de ideas. En este caso, los medios de comunicación de estas épocas –las actuales- nos transmiten una cultura basada en unos valores que están determinados por los dueños de esos medios de comunicación.

En una sociedad capitalista los dueños de los medios de comunicación también son capitalistas. Por lo tanto, los valores que se transmiten a través de los medios de comunicación están basados en el materialismo, en el consumismo, y en algunos casos en el egoísmo, en la avaricia, en la competitividad. Esa es la cultura imperante hoy en día. Repito, ¿es eso bueno o malo? Ni lo uno ni lo otro si se ve desde una óptica descriptiva, ahora bien si lo que se quiere es hacer una crítica axiológica o moral del asunto, pues podemos decir que transmitir esos valores no es lo más deseable para construir una mejor sociedad, o una mejor humanidad.

Para cambiar los valores imperantes tenemos que cambiar los mecanismos de transmisión de valores. Sin embargo, ¿cómo hacemos para mejorar o modificar esos mecanismos de transmisión de valores? A través de esos mismos medios de comunicación. Si bien es cierto la televisión, la radio, y hasta la Internet se encuentran monopolizados en ciertas manos, también es cierto que la democratización de esos medios electrónicos es una realidad. Facebook, Twitter, los blogs han masificado los mecanismos de transmisión de información, de valores. Hoy cualquiera puede abrir un blog, una cuenta de Twitter y decir masivamente lo que le venga en gana.

Vargas Llosa es pesimista frente a este fenómeno masivo, porque no es elitista, no es sinárquico (me refiero al fenómeno no a Vargas Llosa). Empero, el control de las masas de través de los medios electrónicos es una realidad, pero también será un medio de salvación de esas mismas masas en cuanto a la tentación de controlarlas de manera ilimitada. La cultura masificada que hoy vivimos será la tabla de salvación de la civilización humana. Vargas Llosa piensa que eso es una abominación, pero no, es un respiro para la cultura humana libre; es la libertad que se abre paso como la ley de la selva.

Una cultura de dominación o basada en la dominación no es cultura es avasallamiento, es esclavización. Por lo tanto, la cultura humana como tal tiene un respiro en esta orientación de los medios de comunicación, en esta utilización de los medios de comunicación. La libertad será la primera beneficiada en esta cultura actual que le suena a muchos –como a Vargas Llosa- como vulgar, populista, inculta, o políticamente incorrecta. La tecnología es una espada de doble filo: puede servir para dominar o puede servir para emancipar.

Yo no soy tan pesimista como Vargas Llosa, yo creo que esa “cultura del espectáculo” como la llama él será la garantía del mantenimiento de la autodeterminación del ser humano, de la autonomía humana, del futuro de los hombres. Las élites toda la vida mantuvieron una monopolización de la cultura a través de los medios de comunicación, eso ya no será –o no es- posible en una nueva humanidad donde los medios de comunicación están en manos de todos y no en las de unos cuantos ilustrados cultos. 

El espacio exterior y la supervivencia de la vida en la Tierra


Varias veces me he referido a este tema: el de la exploración espacial. Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial esa ha sido la obsesión científica de las grandes potencias: conquistar el espacio exterior, colocar satélites, preparar misiones tripuladas y no tripuladas a otros mundos, buscar vida en otros planetas, etc.

En 1969, Estados Unidos logró acertar un golpe contundente a su rival en ese momento –la URSS- en esta carrera: poner un hombre en la Luna. Después, la exploración espacial nos ha llevado a todos los seres humanos a conocer mediante fotografías, imágenes de planetas lejanos, pruebas de la magnificencia del Universo. La tecnología en este campo utilizada por Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea es impresionante.

El último gran avance lo dio la NASA al colocar la sonda New Horizons al frente del planeta enano Plutón. Aquí en la Tierra supimos cómo era el color de su atmósfera por las imágenes que a cuatro horas luz de distancia nos envió esta sonda exploradora. Impresionante.

En el día de ayer, el científico Stephen Hawking anunció al mundo que estaba interesado en impulsar un proyecto para averiguar si había vida en otros planetas o lugares del espacio exterior. Un multimillonario ya hizo la primera contribución al plan con cien millones de dólares.

En general, la exploración espacial le ha dado muchos aportes a la humanidad sobre todo en el campo tecnológico, ya que muchos avances que se han hecho en esta área se han utilizado en la Tierra para hacer más satisfactoria la vida cotidiana y para conocer más sobre el Universo en el que estamos. Sin embargo, y como ya lo mencionado en otros escritos, no es que yo me oponga al progreso científico o tecnológico, que es muy importante, pero sí sería necesario empezar a determinar prioridades con mayor rigor.

La vida en la Tierra está en peligro debido a la irresponsabilidad de los humanos con nuestro entorno tanto natural como social; más de ochocientos millones de seres humanos no tienen para comer, están subnutridos; la violencia y el terrorismo siguen agobiando nuestra vida; las guerras y la amenaza de una hecatombe nuclear siguen vigentes. La vida en la Tierra (tanto la de animales, como la de los seres humanos) está en riesgo de desaparecer.

Es necesario conocer y explorar el espacio, pero primero deberíamos arreglar los problemas más urgentes aquí en la Tierra; después sí valdría la pena conocer y averiguar si existen o no los seres extraterrestres. Todo ese dinero que se utiliza en los programas espaciales, que son miles de millones de dólares, deberían utilizarse para darle de comer a esos ochocientos millones de seres humanos que no tienen para hacerlo. También, sería necesario utilizar esa plata para la investigación médica y para descubrir de una vez por todas las vacunas para enfermedades como el cáncer, el sida, el ébola, la malaria, la fiebre amarilla, el alzheimer, etc. Ese dinero también serviría para rehabilitar zonas del planeta que han sido destruidas por el hombre; para sembrar árboles, para proteger especies animales en vías de extinción, para descontaminar ríos, arroyos, lagunas, lagos y océanos. Para generar más fuentes de agua potable.    

Está muy bien que el hombre quiera conocer más sobre el espacio exterior pero primero debería poner orden en casa: en el planeta Tierra. Todos esos recursos que se utilizan para enviar sondas al espacio, para explorar el Universo, deberían utilizarse para generar una nueva forma de vida en la Tierra, una nueva forma de vida más solidaria, más compasiva, más fraterna, más cooperante, más respetuosa de la vida, más humana.

No quiero sonar a aguafiestas pero la realidad es cruda, las cosas en la Tierra no están bien; podemos averiguar sobre la vida en otros sitios del Universo, pero primero tenemos que cuidar la que tenemos que en este planeta, en el que habitamos, en nuestra casa. Después, cuando resolvamos todos esos problemas que he mencionado, sí valdría la pena conquistar el espacio exterior con todos los bríos, cuando todos los seres humanos tengan para comer, tengan vivienda, tengan educación, tengan salud, tengan empleo, ahí sí podríamos gastar todo el dinero del mundo en naves espaciales, satélites , sondas, robots viajeros etc. Esa es mi posición, no sé si suena a un anacronismo, pero por lo menos trata de estar sintonizada con la ley moral.   

La conquista del cometa


Sí, el hombre llegó a un cometa, a través de una sonda enviada al espacio. ¡Qué logro para la ciencia! ¡Qué avance tan admirable! ¡Qué desperdicio de dinero!

Los avances tecnológicos le han procurado una existencia más amable y placentera al hombre, sin embargo, muchos de esos supuestos avances tecnológicos no sirven para nada, salvo para agrandar el ego de sus artífices.

La realidad de nuestro planeta –La Tierra- no es como para sentirse orgulloso: guerras, pobreza, hambre, terrorismo, injusticias, explotación, etc; esta realidad es inequívoca, dolorosa para millones de seres humanos que sufren a causa de estos fenómenos, sin embargo, quienes detentan al poder parecen indolentes frente a estas aberraciones.

La ciencia, la tecnología, les han salvado la vida a innumerables seres a lo largo de la historia; los avances en campos como la medicina son invaluables a la hora de medir sus positivos resultados. Pero, también es cierto que muchos avances tecnológicos se llevan a cabo para satisfacer una ética científica basada exclusivamente en inventar por inventar.

Así es, inventar por inventar, para mantener una comunidad científica y tecnológica que vive de crear cachivaches, muchos de ellos sin ninguna utilidad adicional, e incluso que generan más problemas que cuando no existían.

La conquista del espacio es necesaria para salvar a la humanidad del futuro, cuando nuestro amado planeta ya no dé para más. Esa exploración espacial debe llevarse a cabo teniendo en cuenta que los mayores problemas del hombre no están en el espacio, en meteoritos, en lunas, en asteroides, en cometas, no, los problemas están aquí en la Tierra, fruto de la indolencia, de la falta de cooperación, de la falta de valores positivos de muchos seres humanos. El espacio no tiene la culpa de nuestra falta de sentido común a la hora de habitar esta nave espacial.

Si queremos resolver los problemas domésticos, los de aquí, los de la Tierra, empecemos por fomentar el respeto a la vida, el respeto a los demás, la tolerancia, la cooperación, el humanismo, el animalismo, la conciencia ambiental. Antes de mandar sondas a los cometas, a los asteroides, a los meteoritos, y gastarnos millones de dólares –o de euros, o de yuanes- debemos gastarnos esa plata en los millones de seres humanos que no tienen para comer cada día –casi ochocientos según la FAO-.

El problema de nuestra especie es que todavía no hemos aprendido a convivir entre nosotros, somos unos salvajes. Sin embargo, a pesar de ese salvajismo, seguimos invirtiendo recursos y tiempo en estupideces, en pendejadas. Mandar una sonda a un cometa es una de esas pendejadas, estupideces, que no sirve para nada, salvo para que unos cuantos científicos demuestren que son inteligentísimos, y que algunas potencias exhiban su músculo financiero y tecnológico para apabullar a los demás y decir: “Aquí estamos”.

No le veo ningún romanticismo a esta proeza inocua, porque sí que es bien inocua: no se encontró vida, ni rastro de potencia de vida (era obvio, porque el cometa es una piedra que va a toda velocidad quemando una serie de materiales debido a la energía cinética que produce su trayectoria). Ya se sabía que en el cometa no se iba a encontrar nada, nadita de nada, únicamente mostrar que el hombre es capaz de poner una carcacha allí.

La existencia del hombre está en peligro por sí misma, por su errado sistema de convivencia, y creo que la gran proeza de poner una sonda en un cometa ratifica esta hipótesis: nos gastamos la plata en banalidades, en estupideces; los ricos no saben qué hacer con la plata porque gastarla en los pobres les parece “inocuo”. ¡Imagínense! Dar de comer a un pobre les parece una bobada a muchos, pero colocar una chatarra que solo sirvió un día les parece “increíble”. Ahí está el problema de nuestra especie, en nuestras prioridades, en nuestra falta de valores, en nuestra estupidez.  

Invertir en tecnología útil es urgente, necesario; pero cuando esas políticas en avances en ciencias se realizan siguiendo criterios inmorales y faltos de ética el problema es alarmante. La ciencia no tiene la culpa, la ciencia es un instrumento neutro que es utilizada para el bien o para el mal según el que la utilice. Lamento decir que muchos científicos saben mucho de ciencia pero no de humanidad.


El ciberactivismo

¿Se pueden generar cambios en el mundo utilizando los modernos medios electrónicos de comunicación? ¿Es posible? En mi opinión, sí.

La influencia de los medios de comunicación –en general- sobre la cultura, sobre la sociedad, es notoria. La radio, la televisión, los periódicos, los libros, el cine, han generado cambios en la forma de pensar de la gente en el mundo entero; y no lo digo yo, lo dicen multitud de estudios sobre este tema.

Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre estos medios tradicionales de comunicación y los modernos, más exactamente los electrónicos? Pues, que a través de la internet, de los teléfonos móviles, de los iPads, de los iPods, de las tablets, y en general, de todos estos artilugios que hoy en día invaden nuestro mundo, la gente común y corriente puede comunicarse con muchas personas en poco tiempo, y utilizando pocos recursos.

Los comunicadores llaman a esto “la democratización de los medios”, como si antes solo existiera una tiranía o una dictadura. Uno de estos ejemplos de “democratización de la información” son los blogs; las páginas webs personales que utilizan las personas para hablar sobre diferentes temas: política, arte, cine, literatura, farándula, cocina, etc. En estos blogs otras personas intervienen con sus opiniones, generando una conversación o intercambio de posiciones.  

Antiguamente los medios de comunicación estaban en manos de emporios, empresas, grupos económicos o simplemente eran monopolios informativos. Hoy en día las cosas ha cambiado; cualquiera puede abrir un blog, una página web, un canal de videos, una emisora o simplemente dar su opinión en redes sociales como Twitter o Facebook.


Los medios tradicionales compiten con los medios alternativos. Obviamente, muchos de estos medios de comunicación masivos todavía siguen en manos de poca gente, y gran parte de la información todavía está en poder de esas pocas personas. Sin embargo, la opinión pública mundial está haciendo uso masivo de esos nuevos artilugios electrónicos y está creando nuevos contenidos.

Dentro de esos nuevos contenidos está el del ciberactivismo; el de promover causas políticas, ecológicas, filantrópicas, culturales, filosóficas, etc, a través de estos nuevos medios de comunicación que utilizan las nuevas tecnologías.

Algunos, como el escritor Paulo Coelho, piensan que esto no es tan impactante, tan preponderante. ¿Dar un click en un “me gusta” de una foto de Facebook puede provocar una consecuencia masiva? ¿Retwittear un mensaje puede generar un efecto colectivo? Eso depende; en gran medida como todo medio de comunicación el alcance del mensaje está relacionado con el radio de influencia de ese medio de comunicación; no es lo mismo un tweet de Lady Gaga y un tweet mío, porque mientras a la famosa cantante la siguen millones de personas, a mí solo me siguen miles. De otro lado, hay tópicos más populares que otros; por ejemplo, el tema político genera más controversia que el filosófico o el ecológico.

Pero creo que sí; el ciberactivismo llegó para quedarse, la gente se está pronunciando a través de los blogs, de Facebook, de Twitter, de Youtube, etc. Incluso, movimientos políticos como el de la “primavera árabe”, donde varios países sufrieron estremecimientos de masas populares en las calles -que llamaban a un cambio de régimen de poder- se convocaron en gran medida gracias al Twitter y al Facebook.

Hoy en día hay miles de campañas de todos los tópicos en internet. Las hay políticas, ecológicas, culturales, filantrópicas, etc; creo que estas generan una opinión sobre ciertos temas, y creo que esas opiniones terminan produciendo efectos en la vida real a través de marchas, protestas, donaciones de dinero, votos a tal o cual candidato, ayudas, o iniciativas legislativas y gubernamentales.

El ciberactivismo puede ser manipulado por los grandes poderes políticos, económicos y sociales. Sin embargo, esa es una muestra de que sí ejerce una influencia. Las personas comunes y corrientes pueden iniciar campañas sobre X o Y tema de manera libre –aunque en ciertos países ya se está restringiendo el uso del internet-, y de cierta forma generar conductas en otros individuos para modificar un hecho social.

Obviamente, el ciberactivismo no basta, y creo que esta es la crítica que sobre el asunto hace el escritor Paulo Coelho. Yo no puedo pensar que únicamente el mundo va a cambiar porque hay cierta campaña en Facebook o en Twitter; ya que esas campañas deben estar acompañadas de actividades y hechos en la vida real. Si la campaña se queda en el mundo virtual no hay eficacia verdadera. Sin embargo, aún así, podemos pensar que el ciberativismo va dirigido a la mente del hombre, del individuo; y también podemos pensar que allí, en su cerebro (en su psiquis), estamos produciendo unos efectos que tendrán tarde o temprano consecuencias en el mundo real.


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La Internet: una nueva forma de vida


Cuando yo estudiaba derecho en la universidad, y teníamos que leer alguna sentencia de la Corte Suprema de Justicia, era necesario ir hasta la sede de dicha alta corporación. Buscábamos la sentencia en unos librotes, después llevábamos el librote para sacarle fotocopia, y luego devolvíamos el mamotreto. Conclusión: invertíamos casi una tarde en dicha operación. Lo mismo nos ocurría con una nueva ley, decreto, o norma jurídica relevante para nuestro aprendizaje.

Estudiar en la era pre-internet era complicado; era el mundo de las enciclopedias, de los libros de texto, de las tarjetas bibliográficas, de los viajes vespertinos en día sábado a las bibliotecas públicas en compañía de la mamá. Era complejo, no lo podemos negar.

Hoy en día la cosa ha cambiado. La Internet nos ha transformado la vida. La información se consigue muy fácil. Consultar una sentencia e imprimirla en papel es una operación que no lleva más de diez minutos; lo mismo pasa con las leyes, con los decretos, o con cualquier documento académico publicado en la red. Estudiar hoy en día es más fácil por el acceso a la información y a los datos. 

¿Quiénes gozan más con este adelanto tecnológico? Yo creo que la franja de personas que están actualmente entre los treinta y los cincuenta años son quienes más disfrutamos de este artilugio, ¿por qué?

Quienes superan los cincuenta años de edad eventualmente saben manejar un computador, o una tablet, o un teléfono móvil, sin embargo, la relación de las personas mayores con la tecnología no es tan apacible. Hay cierta guerra secreta entre las personas mayores y la tecnología, qué le vamos a hacer. Yo creo que estas personas se criaron desde pequeños en un mundo no tan tecnológico, más rústico, más apacible, con aparatos menos sofisticados y más simples. La tecnología actualmente abochorna incluso a los más jóvenes por este mismo motivo. Las personas mayores utilizan la tecnología como una necesidad, pero su experiencia no es placentera. Eso sin contar con las personas de la tercera edad, quienes simplemente –y en muchos casos- detestan la tecnología y no les importa entender la Internet o el funcionamiento de los nuevos artilugios tecnológicos.

Los menores de treinta años, los jóvenes, los adolescentes y los niños, son los llamados “nativos digitales”, aquellos que nacieron y crecieron con el desarrollo de la Internet. Estas personas ven este adelanto como algo natural, como algo que siempre ha estado en sus vidas. Como para nosotros, es normal el agua, el teléfono, la luz eléctrica; para los nativos digitales, la Internet siempre ha estado ahí. No la disfrutan tanto como nosotros, los de mi edad. ¿Por qué? Porque no es sorprendente para ellos, porque nunca vivieron la era pre-internet, porque no se perdieron en las enciclopedias, y porque nunca han tenido que ir con la mamá un sábado a la biblioteca pública. La Internet –para los nativos digitales- es como el Sol, la Luna, o las estrellas; hace parte de la decoración desde que nacieron, o desde que crecieron. La facilidad en el manejo de la tecnología para ellos es elemental, es manifiesto; los artilugios electrónicos son una prolongación del cuerpo para esta gente. Por eso mismo, no hay sorpresa, no hay emoción, no hay asombro.

Para quienes ostentamos un rango de edad entre los treinta y los cincuenta años, la Internet es un milagro. Vivimos la era pre-internet, y manejamos estos adelantos con dignidad, con decoro. No hay esa guerra que tienen los mayores con los aparatos, pero tampoco vemos a la tecnología como la luz, el agua, o el teléfono. Yo me sorprendo siempre, cuando entro a navegar por la red; cuando puedo ver un video en línea, o escuchar una canción, o leer un libro en la pantalla de mi computador –u ordenador como dicen los españoles-. Los maduritos gozamos con la Internet, más que los mayores y más que los jóvenes. Es un regalo de Dios para las generaciones que gozamos los 70, o los 80, e incluso los 90.   


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Tecnología: entre la libertad y la esclavitud

La relación del hombre con los objetos a veces es mortificante, gravosa, empalagosa, o enfermiza. Esos objetos devienen de materiales que la naturaleza simplemente puso ahí, algunos dirán que fue Dios, o acaso la Inteligencia Universal, o el azar, o lo que sea, el hecho es que están ahí.

Con esos materiales (vegetales, minerales, o incluso animales) el hombre ha construido artefactos para hacer la vida más fácil. Desde el hacha, pasando por la lanza, y el cuchillo, hasta la imprenta, la motocicleta, y el Ipod. La tecnología consiste en esa transformación de los objetos de la naturaleza para hacer la vida más vivible, más placentera, más feliz.

Sin embargo, para algunos, la tecnología no es eso, no es felicidad, no es placer, no es bienestar, es un martirio. ¿Por qué? Porque no saben utilizar la tecnología, puede der, o porque prefieren métodos más arcaicos, o porque su relación con los objetos es generalmente contradictoria: una guerra.

Creo que la tecnología no es buena o mala per se, creo que la tecnología sí sirve para facilitar la vida, y creo que jamás podrá suplantar al hombre. ¿Alguien en su sano juicio está en contra de inventos como la rueda, o la imprenta, o el computador portátil? Me imagino que no, pero no faltan los radicales anti-tecnológicos.

La tecnología también se ha desarrollado, desde hace milenios, para darle libertad al hombre, no para esclavizarlo. La tecnología debe ser una herramienta nada más, una herramienta que le permita al ser humano desarrollar sus facultades personales, pero no debe ser lo contrario: un instrumento de adormecimiento y enajenación.

Depende del uso que se le dé. Yo puedo agarrar un martillo y pegar una puntilla para colgar un cuadro, pero también puedo tomar ese martillo y darle en la cabeza a alguien (no estoy dando ideas). La primera utilización del objeto es positiva, la segunda es negativa. Y así es todo con la tecnología, que en esencia es neutra.

Hace un rato vi por la televisión a una persona que no utiliza teléfono celular, ni escucha música digital. Lo felicito, el señor vive incomunicado, como antes; y escucha casetes como antes. Sin embargo, creo que el teléfono celular le facilita la vida a personas que necesitan comunicarse con mucha gente, en muchos lugares. Para aquellas personas que hacen negocios, o que son ejecutivos, o que venden cosas, o que son médicos, o que simplemente no pueden estar pegados a un teléfono fijo. Para esas personas el teléfono celular es una bendición. La vida es más fácil para esas personas, al utilizar un móvil.

En mi caso, no escucho música en acetato ni en casetes, y creo que la música digital es una bendición. En un aparato de de cinco por dos centímetros, puedo guardar hasta mil o dos mil canciones (un mp3); pero hay aparatos más sofisticados que pueden guardar hasta cuarenta mil o cincuenta mil canciones. Y el sonido es mucho mejor, no nos digamos mentiras. Hay nostálgicos del acetato, del casete, pero creo que no están en sus cabales.

La tecnología ha facilitado la vida, estoy seguro de eso, pero también nos ha hecho dependientes de ella: ya no podemos salir sin teléfono celular, o no podemos vivir sin ver el Facebook todos los días, o el Twitter, o la página de los medios periodísticos digitales; o no podemos escribir sin computador. La máquina que se utilizaba antes para elaborar documentos es un verdadero adefesio si se le compara con los modernos procesadores de palabras; antes, escribir en máquina era un infierno; no creo que haya nostálgicos de la máquina de escribir, porque si los hay, qué pena, están muy mal.

La tecnología debe estar al servicio de la gente, y no la gente al servicio de la tecnología, ahí está el quid del asunto. Todo es un problema de actitud, de aprendizaje, de estado de ánimo. Hay tecnología perniciosa, es cierto, como las armas, o los instrumentos para infligir torturas. Pero también hay tecnología constructiva, como la que se utiliza en el ámbito médico, o en las comunicaciones. En los próximos siglos, y años, veremos cada día más avances tecnológicos. Todo será un problema de actitud hacia ellos, y de utilización. No podemos ser enemigos consagrados de la tecnología porque eso es fanatismo; y lo contrario, no nos podemos hacer los de la vista gorda ante la utilización enajenante de ciertas tecnologías. Es un problema político, filosófico, ético, y hasta religioso.

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La era de la tecnología y la libertad en peligro


Edward Snowden, el excontratista de la CIA y de la NSA, confesó algo que muchos ya sabíamos: los gobiernos espían de manera industrial a sus ciudadanos. Para muchos fue motivo de preocupación, y de indignación, para otros –como yo- simplemente fue la confirmación de un secreto a voces.

Actualmente nos encontramos en una era tecnológica, llena de avances informáticos. La vida del hombre ha cambiado radicalmente desde que se popularizó la Internet, y el retorno a una vida simple –sin peligros de invasión a la privacidad- es un asunto casi que imposible.

No hay reverso, la era tecnológica se ha impuesto y de la peor forma: ofreciendo y seduciendo –como la manzana que le ofreció Eva a Adán- de manera agradable, placentera. Nadie utiliza la tecnología con sufrimiento, con dolor, al contrario, todo es bonito, perfecto, llamativo, colorido, y satisfactorio.

La tecnología se nos ofrece como una solución a nuestros problemas cotidianos, como una suerte de panacea utópica donde todo depende de adquirir el aparato más avanzado y de última generación. La era de la tecnología se nos ha impuesto a las buenas, y somos nosotros –los ciudadanos- los que la estamos impulsando con nuestro consumo de artilugios electrónicos.

La parte fea de esta feliz historia ha resultado inquietante, sin embargo, la mayoría sopesamos lo bueno y lo malo y terminamos con una conclusión positiva hacia la tecnología: la necesitamos. Todos esos espionajes electrónicos no son nada comparados con el provecho que obtenemos de la tecnología. Así que sigamos.

Los gobiernos nos espían a todos, no solo a los terroristas, a los malhechores, a los bandidos, a los famosos, a los artistas, a todos, es a todos, y eso es lo más grave de las revelaciones de Snowden.

Como todo tiene un precio, el costo de esta era tecnológica, o de la utilización de estos placenteros artilugios, es la pérdida relativa de la libertad. Nuestra intimidad está expuesta, ¿ante quién? ¿Quiénes nos espían? ¿Para qué? ¿Qué saben de nosotros? ¿Con qué fin? ¿Luchar contra el terrorismo? No lo creo.

El sistema humano de dominación está entrando en un peligroso camino sin retorno, los que obtengan la llave maestra de la Internet y de todos estos chips que nos rodean por todos lados, se convertirán en los amos y señores de nuestra vida. La libertad, o nuestra libertad, estará en manos de ellos, y podrán hacer con nosotros lo que quieran. ¿Estoy exagerando? Yo creo que no, porque esta era tecnológica se profundizará, y lo que hoy vemos en etapa de nacimiento y de crecimiento lo veremos madurar con los meses y con los años, y cuando esto ocurra, simplemente nos moveremos en una enmarañada red de circuitos y de redes que nos tendrán atenazados por nuestra propia voluntad. Ya no será posible salirnos de eso.

Como la tentación de Eva a Adán con la manzana, la tecnología se nos ha exhibido como algo “cool”, “nice”, “light”, (perdón por utilizar estas expresiones que suenan banales), y hemos caído en la trampa de depender de ella. Todos tenemos teléfono celular, todos utilizamos la Internet, todos tenemos e-mail, todos tenemos cuenta en Facebook, muchos utilizan el Twitter, el Instagram, el Pinterest, etc, etc. Estamos registrados en la Red hasta la médula, nuestros datos circulan por ahí, como si nada, y no sabemos quién la está registrando, y utilizando, y no sabemos con qué propósitos.

Ahora bien, muchos dirán que no pasará nada, y que todo está bien, pues no, Snowden simplemente alertó sobre la punta del iceberg, pero lo que ese está  moviendo en el fondo es grande y vertiginoso. Somos seres de carne y hueso que tenemos prácticamente una réplica virtual en la Red. Todos nuestros datos, nuestras comunicaciones, nuestros rastros en la Internet, simplemente generan un doble o un avatar electrónico, informático. Ese doble virtual es nuestra huella en la Red, y es nuestra vida en el mundo, o en el Nuevo Mundo, donde todos estaremos conectados a una central que vigilará nuestros pasos. 

El apocalipsis no llegará desde el cielo, no bajarán los ángeles de Dios enfadados con el hombre. No, lo que ocurrirá es que la especie humana se auto-esclavizará, se auto-limitará. El sistema humano de dominación llegará al cenit, y con él también su declive. Comprenderemos que hemos vivido de forma artificial, y que la máxima artificialidad (el mundo virtual) solo nos dejará una profunda crisis debido a haber corrompido el espíritu humano, que es libre, creativo, compasivo, y cooperador. Los portadores de la llave maestra de la tecnología se darán cuenta que han cometido un error, y es uno muy simple: todo lo que ha servido y servirá para esclavizar, también será la herramienta que servirá para emanciparnos. El ejemplo de esto último es este artículo que ha sido escrito utilizando tecnología informática, y que se está publicando en la Red.


El futuro de los periódicos


La semana pasada asistí a una conferencia con el director del periódico The Washington Post. Básicamente se habló de lo mismo; la competencia con la Internet, la caída en la pauta publicitaria, la ética de los medios de comunicación, la relación de esos medios con sus dueños, etc. Prácticamente sólo se tocaron lugares comunes. Sin embargo, me parece interesante abordar un tema –que también está un poco trillado-, el del futuro de los periódicos.

Hasta hace algunos años –diez o doce, por lo menos- los periódicos parecían ser empresas muy fuertes con un alto poder mediático. En todo el mundo ciertos medios de comunicación escritos tenían un aura de imbatibilidad, de fortaleza, nada les podía hacer daño, hasta que la Internet los doblegó. En los últimos tiempos varios periódicos han sido cerrados, o vendidos, o se han transformado en plataformas digitales con una naturaleza comunicacional muy diferente de la original. Los periódicos de papel están en crisis, la gente quiere leer las noticias en sus computadores personales, en sus Ipads, en sus tablets, o en sus teléfonos personales. El periódico de papel cuesta, y la gente quiere todo gratis y fácil. Esto lo ofrece la Internet: gratis y fácil. La consecuencia es que los anunciantes han emigrado a otros medios de comunicación, incluso la Internet.

¿Qué pasará con los periódicos de papel? El director del Washington Post afirmaba en aquella conferencia que a pesar de todo había mucha gente que seguía comprando periódicos y que eso bastaba para mantener el negocio. Hace algunos años, en Colombia, otro director de otro periódico, también afirmaba lo mismo: hay gente que sigue comprando periódicos, y por lo tanto no nos da miedo la Internet. El papel sigue prevaleciendo. En el futuro, ¿esto continuará así? Me temo que no, y esto también se aplicará a los libros.

Hoy en día la gente sigue comprando periódicos de papel, y libros de papel, por una razón muy simple: la facilidad para leerlos. Pero, las tablets o tabletas digitales ya están desbancando esa supuesta facilidad de lectura. En una tableta digital se pueden guardar miles de libros, como lo hacen los Ipod o los MP3 con la música. Allí se pueden leer con facilidad esos textos, y por lo tanto, el papel sí está amenazado por el medio digital, yo diría que seriamente amenazado. Lo que ocurre es que las tablets, o las tabletas digitales todavía no son de fácil adquisición por los usuarios. Un Ipad puede costar quinientos dólares, y una tableta análoga puede estar entre los doscientos y los trescientos dólares. Es por esto que la gente común y corriente sigue comprando libros y periódicos. Sin embargo, cuando las tablets sean de fácil adquisición los libros y los periódicos de papel tendrán sus días contados, serán cosa del pasado, y sólo los encontraremos en los museos y tiendas de antigüedades.

Esta situación ya ocurrió con la música, los acetatos, los casetes, y hasta los CD’s fueron reemplazados por la música que se encontraba en la Internet; hoy en día muy poca gente compra música en las habituales tiendas, prácticamente nadie lo hace. Lo mismo sucederá con los periódicos y con los libros de papel, siento decirlo. Cuando comprar una tableta digital sea tan fácil como adquirir un MP3 o un reproductor de música cualquiera, los libros y los periódicos pasarán a ser cosa del pasado.

Obviamente la gratuidad siempre será llamativa, es por eso que muchos periódicos se están regalando en las calles, y la publicidad posiblemente emigre hacia esos periódicos gratuitos, que se cierta forma compiten con la Internet por esa misma gratuidad. Pero no nos digamos mentiras, un periódico de papel no puede ofrecer la misma información que una página digital. En la página digital podemos encontrar audios, videos, enlaces, más datos, fotos, interactividad, etc. El periódico de papel se presenta muy precario.

Yo pienso que los periodistas, los comunicadores, deben aceptar que la Internet es el futuro irremediable. Cuando la Internet sea más avanzada, y salgan al mercado nuevos instrumentos tecnológicos para acceder a ella, allí no habrá cabida para el medio de papel. Tenemos que aceptar esa realidad, lo mismo ocurrirá con los libros. Es cierto, el libro en sí mismo es una obra de arte, por el diseño, por la letra, por la forma en que se empasta, etc. Sin embargo, el formato digital es más barato, más ecológico, y tiene mayor facilidad de consulta. La industria editorial y periodística debe asumir esta realidad de una vez por todas, sin ambages, sin prejuicios, sin resistencias al futuro. Los nuevos consumidores de información y de literatura – los jóvenes y los niños, los nativos digitales- verán el periódico y el libro de papel como un medio poco práctico, y poco atractivo. Todo el mundo en unos años tendrá una tableta digital –o muchas- en su casa, en su lugar de trabajo, en la calle, en la oficina, en todos lados. Esta realidad es irreversible, hay que adaptarse a ella.

Los nostálgicos del papel periódico y del libro asistiremos a museos, a bibliotecas públicas, y a tiendas de antigüedades, para comprar esas rarezas del pasado, pero cada vez serán menos. En cincuenta o sesenta años, los libros y los periódicos de papel serán como los papiros que utilizaban los antiguos para comunicarse. Estarán exhibidos en los lugares dedicados al pasado, siento decirlo. La única opción es adaptarse y aceptar la realidad, el presente. Seguir tapando el sol con un dedo es lo peor que se puede hacer. La creatividad es una necesidad para los periodistas y para los comunicadores, es su única opción para no sucumbir a los nuevos aires, y a los nuevos tiempos.          

    

Estamos chuzados


Las revelaciones del ex agente de la CIA Snowden, cayeron como baldado de agua fría para los ingenuos. Sí, porque sólo los ingenuos eran los únicos que todavía pensaban que los servicios de inteligencia eran respetuosos de la privacidad y de la intimidad de los ciudadanos.

Hace algunos años yo pregonaba como loco en el desierto que todos nuestros equipos compuestos por chips eran susceptibles de ser rastreados, monitoreados, e intervenidos. Las respuestas eran: “Pacho estás loco”, o “sólo chuzan a la gente importante”. Pero no, el ex espía de la NSA reveló que todo el mundo estaba bajo la lupa de los cuerpos de seguridad, no sólo los terroristas, o lo bandidos, o los lavadores de dinero, o las celebridades. Todos estamos chuzados.

El escritor George Orwell publicó la novela “1984” a principios del Siglo XX. En esta historia “El Gran Hermano” –o sea el Gobierno- monitoreaba completamente la vida de la gente, para mantener un orden fascista donde la felicidad se garantizaba a punta de medidas represivas que implicaban controlar la privacidad de las personas. Hoy estamos a punto de estar como en esa novela, totalmente controlados por cuenta de la utilización de equipos electrónicos como computadores, teléfonos móviles, tablets, ipods, mp3, etc.

Nuestra vida ya no es una cápsula aséptica en el mar de la confusión. Estamos en la mira de no sabemos quién. ¿Para qué carajos necesitan saber nuestros secretos íntimos, cuando estos no ponen en peligro a nadie? ¿Por qué se meten en nuestras cuentas de Facebook o de Twitter? ¿Para qué? La mayoría de la gente es honesta –o eso pienso yo-, y por lo tanto perder el tiempo rastreando conversaciones de quinceañeras enamoradas, o de profesores utópicos, o de amas de casa desocupadas, es una verdadera estupidez. Pero, ahí reside el quid del asunto, y es que lo grave de las revelaciones de Snowden consiste en develar que a los gobiernos les interesa la vida de esas personas que a muchos se nos presentan como anodinas.

Bienvenidos a la era de la tecnología, a la era de la informática. Volver al pasado ya no es posible, utilizar la máquina de escribir es una tontería, llamar a otra persona por medio de señales de humo es patético, o mandar un mensaje urgente por correo de carta es risible. La tecnología, y lo que ella implica llegó para quedarse y eso lo tenemos que aceptar. Los gobiernos, las empresas, las ONG’s, o lo que sean, nos espiarán, sabrán nuestros gustos, nuestros miedos, nuestros deseos, y eso no tiene reversa. La era del Internet no tiene remedio; la economía, la industria, y hasta el arte, ahora se mueven por esta superautopista virtual.

Lo que sí tiene remedio es lo que se haga con la tecnología; y en consecuencia, el futuro dependerá de las decisiones que tomemos los ciudadanos para que paren estas chuzadas, o por lo menos para que se limiten a casos excepcionales dentro del Estado de derecho. Por lo pronto, sólo podemos concluir que la tecnología no has facilitado la vida, pero eso tiene un costo, y lo estamos pagando.