El viernes pasado asistí a
un debate insólito en la universidad donde dicto clases: entre animalistas y
taurinos. ¿Por qué digo que insólito? Porque el tema de debate: las corridas de
toros, no merece debate.
Como ya he pregonado hasta
el cansancio, las corridas de toros son inmorales. Sin embargo, parece que en
la Corte Constitucional de Colombia el asunto no está tan claro porque según
esta alta corporación las corridas de toros son una expresión cultural
autóctona de la Nación. Qué disparate, pero sentencia es sentencia y hay que
acatarla.
Sorprendentemente las
corridas de toros en Colombia –al momento de escribir este artículo- siguen
siendo legales, a pesar de que ya hay una ley contra el maltrato animal que
califica a estos seres como sintientes. La ley dejó por fuera el tema de las
corridas de toros.
¿Por qué son inmorales las
corridas de toros? Porque le causan un mal a un ser, en este caso a un animal,
quien es torturado, vilipendiado, humillado, y burlado sin el más mínimo recato
en un ruedo de arena que está inmerso en una plaza, donde acuden un montón de
gentes de la “alta sociedad” para disfrutar del macabro espectáculo, en el que
muchas veces se consume licor y se grita eufóricamente: ¡Ole! Para celebrar la
tortura, la humillación, y la burla del que cual está siendo víctima el toro.
Muchos taurinos piensan que
este tema está ligado a la dieta carnívora y que por lo tanto tienen patente de
corso para cometer cualquier desafuero contra cualquier animal en nombre del
consumo de carne. Falso; se puede ser carnívoro pero a la vez rechazar las
corridas de toros. Actualmente la dieta carnívora es necesaria económica y
psicológicamente, hacia futuro la sociedad será vegetariana, ya que el consumo
de carne –y está demostrado científicamente- produce enfermedades como la
arterioesclerosis, y está vinculado a la aparición de ciertos tipos de cáncer.
Por ahora no, no se puede
ser vegetariano a las malas, sí voluntariamente, aunque no me faltan las ganas
de dejar la carne a un lado para solidarizarme con el dolor de nuestros
hermanos menores: los animales. Los taurinos atacan a los animalistas de esta
forma: acusándolos de promover la dieta vegetariana. ¡No señores! El problema
no es ese, el problema está en la fiesta brava, donde se tortura, se humilla,
se comete un atropello contra un animal: el toro de lidia.
Los taurinos entonces
responden: “Si se acaban las corridas de toros se acaba con esta especie, con
el toro de lidia”. Peor aún, la respuesta es más desconsiderada y más
desequilibrada y yo respondo con una pregunta a este argumento: ¿Entonces crían
animales para ser torturados en una fiesta de borrachos arribistas? Pues si es
así, que se acaben los toros de lidia. Prefiero que no existan a que sean
torturados de la manera como lo hacen con ellos.
Los taurinos también se
sienten en paz porque las corridas siguen siendo legales en Colombia. Eso no es
un argumento de peso; los nazis cometieron cualquier cantidad de vejámenes
contra los judíos en la Alemania de comienzos del siglo pasado, y esos
vejámenes eran legales, los permitía la Constitución alemana. No todo lo legal
es moral, y este es el caso de las corridas de toros.
Que las corridas de toros
son una tradición: otro argumento de los taurinos. Sí como la esclavitud que
también fue una tradición no solo por años, sino por siglos y hasta milenios.
Hoy en día no existe la “tradición” de la esclavitud porque está considerada a
nivel mundial como una actividad inmoral.
Fernando Savater, el
filósofo español, hace algunos años escribió un libro defendiendo el tema de
las corridas de toros, asignando o catalogando el debate sobre las mismas como
de tipo estético. No señor Savater, está equivocado, el problema de las
corridas de toros no es estético, es moral, es ético.
El debate no es si a mí me
gustan o no las corridas de toros, el problema es que la actividad en sí misma
es inmoral. Es como decir que el debate sobre la pedofilia –donde no hay
debate- es de tipo estético. No, el debate sobre las corridas de toros es
idéntico, no es un tema de gustos, es un tema de conductas adecuadas o no. Las
corridas de toros no son una actividad adecuada porque le generan un mal a un
ser: al toro, al ser torturado, burlado, vilipendiado, humillado, de la manera
más miserable.
Los judíos, por ejemplo, también
consumen carne pero de una manera menos violenta y más respetuosa. Los rabinos
sacrifican a los animales de tal forma que a estos –a las bestias- se les causa
menos dolor y su muerte es más rápida; no existe la tortura, y el deceso del
animal no es un show para borrachos esnobs arribistas como lo son las corridas
de toros.
Sin embargo, las corridas
de toros tienen un significado más profundo y más relevante y por eso merecen
ser abolidas. Las corridas de toros representan el desprecio que sienten las
élites contra los débiles, contra los que no se pueden defender, contra los
pobres, contra los que se encuentran en un nivel de poder inferior a ellos.
Las corridas de toros
representan la burla de la esa élite contra los más débiles, hombres, mujeres,
niños y animales. Los que asisten a las corridas de toros se burlan del toro,
se burlan de su incapacidad para defenderse, de su status de debilidad sobre el
ser humano.
Sí, las corridas de toros
son un ritual de sangre grotesco, es un símbolo de la desidia de ciertas élites
sobre los débiles, es la burla de esa clase social sobre los que tienen menos
dinero, menos oportunidades, menos cultura, menos poder. Es una celebración,
¿qué se celebra en las corridas de toros? La dominación, el poder que tienen
estas élites para humillar, para explotar, para sacrificar, para expoliar a los
que no están en su mismo nivel económico, político o social.
Acabar las corridas de
toros es entrar en una nueva era, es empezar a derrotar el sistema humano de
dominación y empezar a disfrutar de un nuevo sistema basado en la cooperación,
en la fraternidad, en la solidaridad. En las corridas de toros se celebra el
miedo, se celebra el poder de explotar a los más débiles, porque el toro representa
eso: a los más vulnerables.
Las élites corruptas
celebran las corridas de toros como un símbolo: de que pueden hacer los que se
les da la gana con los inferiores a ellos.
Todos somos toros, todos
somos humillados, burlados, vilipendiados por esa élite que se aprovecha de
nosotros, de los que no estamos en esa rosca corrupta. Porque es esa rosca
corrupta la que va a toros, los que se ponen sus mejores vestidos para
aparentar status social.
Sí señores, las corridas de
toros deben acabarse para comenzar una nueva sociedad. Ellos, los que van a las
corridas de toros al torturar, vilipendiar, humillar al animal, también lo
están haciendo con nosotros, y ellos lo saben por eso disfrutan tanto de ese
patético espectáculo, porque el toro nos simboliza a los que no hacemos parte
de esa élite corrupta, de esa élite que crea guerras ficticias (deportes,
equipos de fútbol, partidos políticos, religiones) para que las personas se
peleen unas contra otras y no se genere abundancia basada en la cooperación.
Como no hay cooperación no hay abundancia, y como no hay abundancia la gente
tiene que acudir a los bancos para pedir que les presten dinero a las tasas de
interés que se les da la gana cobrar.
Esa élite nos hace pagar
unas cotizaciones de pensiones para sostener al “empobrecido sistema financiero”
que genera cada año ganancias billonarias. Pero no, el asunto es abusar de los
débiles, de la gente común y corriente como lo hacen con los toros.
Todos somos toros, todos
somos humillados de una u otra forma: con procesos de paz para beneficiar a
quién sabe quién (¿las multinacionales mineras acaso?), con impuestos que se
van a las arcas de los corruptos y que llaman hoy en día: mermelada; con
cotizaciones de pensiones para sostener al sistema financiero al cual ya no le
cabe una moneda más de lo enriquecido que está, mientras los niños de la
Guajira, del Chocó, del sur de Bogotá se mueren de hambre.
Todos somos toros, por eso
se deben acabar las corridas, para acabar con la celebración simbólica del
abuso, donde las élites corruptas celebran la humillación del pueblo en
general.
Una nueva sociedad debe
nacer, basada en el respeto, en la cooperación, en la solidaridad, en la
prosperidad, en la abundancia. Las corridas de toros representan la antigua
sociedad –que es la actual-, donde hay inmoralidad, corrupción, pobreza,
injusticia, terrorismo, impunidad, degeneración.
El que no sea anti-taurino
ahora sabe por qué deben suprimirse estos espectáculos grotescos, miserables,
absurdos. Porque en esas plazas morimos todos, en esas plazas nos vilipendian a
todos, en esas plazas se burlan de todos, en esas plazas nos torturan a todos;
porque el toro para esa élite corrupta representa al débil, al inferior, al ser
humano común y corriente, ¿qué les parece? ¿Me acompañan en esta cruzada o no?