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Amor a la minifalda


El propietario del restaurante Andrés Carne de Res: Andrés Jaramillo, aseguraba a una emisora radial que: “A qué está jugando una niña que llega en minifalda”. El señor Jaramillo se refería a la presunta violación de la que fue objeto una muchacha de 19 años en los parqueaderos del citado establecimiento. Para el señor Jaramillo, el hecho de que esta niña hubiera vestido una minifalda en el momento del presunto abuso significaba que ella posiblemente dio lugar a una relación sexual consentida. El señor Jaramillo posteriormente pidió excusas públicas por estas aseveraciones.

No sabemos qué ocurrió con exactitud en este caso, ya que la justicia tendrá que determinarlo; lo que llamó la atención de la opinión pública fue la afirmación del propietario de Andrés Carne de Res sobre el uso de la minifalda por parte de la muchacha objeto del supuesto delito.

La minifalda es una prenda femenina –aunque en Escocia también la usan los hombres, pero no tan corta- que estuvo de moda en los años 60, pero que volvió a tomar auge en la última década. Es una prenda femenina -que como todas las prendas de vestir- se le ve bien a algunas y otras no tanto, sin embargo, eso cae en la órbita personal de cada cual, usar minifalda es problema de quien la utiliza.

En nuestra cultura, la ropa cumple dos funciones: cubrirnos del frío, y adornar nuestro cuerpo. La ropa tiene connotaciones culturales, históricas, económicas, y hasta religiosas; vestir de una forma u de otra determina la personalidad de quien utiliza un vestido, le da un talante. Algunos pueden vestirse como quieran, otros les toca vestirse con lo que pueden; pero todos necesitamos la ropa para protegernos del clima y para presentarnos en la sociedad.

Si una mujer utiliza minifalda no necesariamente está mandando un mensaje a los hombres: quiero tener sexo; tal vez la mujer que la utiliza simplemente quiere verse elegante, o quiere llamar la atención, o no tiene más ropa, o le gusta vestirse así. Es cierto que muchas prendas de vestir tienen sus propios códigos, por ejemplo, ponerse una corbata determina que el hombre que la porta solicita que los otros lo miren con respeto; si alguien se disfraza es porque tiene una actitud festiva o jocosa; pero, no siempre la ropa para todo el mundo significa lo mismo. La minifalda es una prenda sensual, hace ver bien a algunas mujeres y a otras no tanto, eso depende de la portadora, pero lo que no se puede aceptar es que el código de quien utiliza una minifalda siempre sea: quiero sexo; y mucho menos que esto le dé vía libre a cualquiera para abusar sexualmente de quien viste con esta prenda.

Una mujer puede salir a la calle como quiera, incluso desnuda, pero esto no le da derecho a nadie para irrespetar su cuerpo y su dignidad como persona. El problema es que a la gente desde pequeña no le enseñan a respetar a lo demás, a que acepte que los otros también tienen derechos, y que no vivimos en una selva donde cada quien puede hacer lo que sea para conseguir lo que quiere. Los valores en la sociedad están subvertidos; la ganancia económica está en el primer lugar en el ranking de lo que todos queremos lograr. Después está lo demás; es por esto que hay violadores, ladrones, corruptos, hampones, etc; porque no se les enseña a los niños -en nuestras sociedades- valores diferentes a los de satisfacer nuestras necesidades materiales como sea.

El respeto, ese valor se ha perdido, porque nadie respeta a nadie, porque nadie quiere respetar, porque el respeto en muchas ocasiones es visto como debilidad, como estupidez. El respeto es aceptar que todas las personas tienen libertad, y que así como yo puedo hacer lo que quiera –respetando las leyes y los derechos de los otros-, también hay otras personas que tienen libertad. “No le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti” dice la frase del evangelio, qué frase tan cierta, tan exacta, pero tan olvidada. Ahora la gente solo piensa en sí misma, en satisfacer sus propias necesidades: alimenticias, sexuales, megalomaníacas, etc; “los otros pueden irse a la porra”, o mejor dicho, “yo puedo utilizarlos si eso me satisface a mí”.

La minifalda es una prenda de vestir que utilizan las mujeres en ciertas ocasiones, y no necesariamente porque quieren tener sexo, o porque quieren que las violen. Muchas mujeres se ven preciosas cuando la utilizan, otras no se ven tan hermosas, y otras simplemente nunca la utilizan. Es un tema de libertad, es un tema de civilización, es un tema de humanidad, es un tema de educación. Si una mujer quiere utilizar una minifalda para seducir, pues es respetable; si una mujer la utiliza para verse elegante, es respetable; y si una mujer utiliza una minifalda simplemente para arroparse, o tener algo encima, es respetable. “El hábito no hace al monje” dicen por ahí; la minifalda es utilizada por ejecutivas, por políticas, por profesionales, por estudiantes, etc; y también por mujeres que se dedican a practicar sexo por dinero. La minifalda es adorada, es aceptada en nuestro contexto social, sin embargo, lo más importante, la portadora de ella debe ser objeto de respeto siempre. Mujeres vistan como quieran, los hombres tenemos que respetarlas.